¿Conoces de cerca las propuestas del partido al que has votado?
Sí. Sigo la información política y analizo los programas con bastante profundidad.
¿Confías en que se vayan a cumplir?
En un porcentaje amplio, espero que sí. La mayoría no son tan difíciles de cumplir, aunque después de la elección les cueste tanto a los políticos.
¿Crees que debería existir información actualizada sobre el cumplimiento del programa a lo largo de la legislatura?
Es una de las tareas más necesarias e interesantes de seguimiento de la política. En España todavía somos demasiado permisivos con la responsabilidad de los políticos. Hay que ser más exigentes con las promesas y los compromisos con los votantes.
¿Cómo piensas qué se podría hacer este seguimiento?
La tecnología y la participación pueden ayudar mucho. En países como Estados Unidos o Gran Bretaña ya hay webs interesantes que hacen este tipo de seguimiento, aunque no están entre las más seguidas. Los medios dominan en este aspecto a pesar de no hacer demasiado bien su trabajo.
En España es incipiente. Hay poca información pública de libre acceso y los medios no informan adecuadamente sobre ese cumplimiento más allá de grandes medidas o cambios de criterio.
Pero la política de código abierto tiene en la vigilancia y fiscalización de la responsabilidad política una gran oportunidad porque puede además poner en comunicación de manera sencilla a los políticos y a los directamente implicados en las diferentes áreas de gobierno, bien sean ciudadanos, afectados o expertos. Un debate plural e informado sobre cada uno de los temas concretos sería un gran paso para la democracia.
¿Deberían las instituciones dar a conocer con mayor ahínco los instrumentos con los que contamos para hacernos oir?
Por supuesto. Es imprescindible para la participación democrática.
¿Piensas que son suficientes y efectivos?
No, pero tampoco creo que la cultura democrática sea todavía lo suficientemente fuerte y activa para aprovecharlos. No ayudan ni la ley electoral, ni la lejanía de las instituciones ni el burocratismo de los mecanismos de participación legales existentes.
¿Cómo podría incentivarse la participación ciudadana?
A través de una información más transparente, aumentando la responsabilidad directa de los políticos, abriendo cauces de consulta, diálogo y participación de los ciudadanos y estimulando la corresponsabilidad y el acceso a la información, las decisiones y las instituciones.
La ciberdemocracia y los mecanismos de e-gobierno pueden ayudar mucho al facilitar el intercambio de información, los procesos de decisión y la transmisión y seguimiento de lo acordado.
¿Qué otros mecanismos piensas que podrían aumentar el interés de los ciudadanos en la participación?
Trabajar en proyectos concretos, locales y bien segmentados de participación, cogestión y codecisión. La voz de los ciudadanos no sólo se debe oír, sino que se debe utilizar para el gobierno si queremos que sigan implicándose en la tarea democrática.
¿Tienes una idea de cómo es el día a día de un diputado?
Sí, por mi profesión de periodista. Pero la mayoría de la gente no lo conoce suficientemente. Y menos la diferencia entre diputados rasos y los vocales, portavoces y presidentes de las distintas comisiones y órganos parlamentarios o de partido.
¿Crees que sería positivo conocer las agendas de los políticos?
Sí. Daría una buena idea de lo concentrada que está la decisión política en los partidos y grupos parlamentarios y de la falta de idoneidad de un sistema como el nuestro, muy poco participativo, sin mucha democracia ni participación o descentralización en la gran mayoría de los partidos.
¿Podrían ser los blogs u otras herramientas de publicación personal un buen instrumento de comunicación entre los políticos y los ciudadanos?
Lo son ya en los casos en los que los políticos se han lanzado a publicar sus ideas y actividades más allá de los intereses de las campañas electorales. Son especialmente útiles cuando el político está cerca de la ciudadanía, por ejemplo en cargos locales.
Los blogs políticos nos han dado momentos inolviadbles, como cuando Bernat Soria colgó su curriculum falso.
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Nunca estamos bien informado de lo que hacen nuestros politicos
LA PRIMERA CARACTERÍSTICA que debe tener un chileno para ingresar en política, es decir para convertirse en un nuevo líder, es tener plata. Con ello debe pagar mucho, pero antes que nada debe ser bello. Debe vestirse con un diseñador personal y si es flaco debe criar músculos. Por ningún motivo, puede ser gordo: en los años 2000 es preferible que se piense que el político tiene SIDA a que sea gordo. La gordura es la peor lacra para nuestra clase política, por lo que gimnasios, endocrinólogos y cirujanos plásticos cuentan cada vez con más pacientes "con vocación de servicio público".
En esta ardua tarea han entrado a la fama los cirujanos especialistas en byepasses gástricos y otras técnicas para disminuir el tamaño del estómago. Ya con cuerpos estilizados decorados a la moda, se arreglan las caras y el peinado ocupando los labios un rol muy importante. Los labios carnosos y rojos harán más famosas a las damas en sus cargos de representación popular. Los peluqueros destacados, que reciben tributos de la prensa, los hacen aparecer más jóvenes, "casual", flexibles o, incluso inteligentes. Esto último rara vez lo logran. En materia de neuronas: Lo que natura non dat, salamanca non prestat (lo que la naturaleza no da, la academia no presta).
Como algunos no logran ser bellos ni flacos, aparentan que son diferentes y que no les interesa la forma. En ese papel profundizan sus rostros hoscos, sus ceños fruncidos y sus miradas amargas, y sólo se basan en la fuerza y prepotencia que les da el dinero, poniéndolo sin pudor encima de la mesa, golpeándola y trasmitiendo con desprecio que lo lograron a base de su inteligencia superior. Ninguno recuerda el capital social que los ayudó en sus logros, ni el origen de éste, que generalmente se debe a sus padres o al uso que han hecho de la política en sus negocios.
Con estos elementos, los nuevos líderes van a las elecciones, porque son fácilmente digitados por los dueños de los partidos políticos y se basan en las redes que arman sus operadores, quienes, desde cargos públicos, invierten los recursos fiscales en una estrategia comunicacional permanente, tanto para los líderes como para sí mismos con el fin de lograr la perpetuidad.
La externalización de estudios a consultoras fantasmas es la gran herramienta de triangulación, que les permitirá armarse de un capital, pagar favores o dar una buena vida a los adeptos más cercanos y obsecuentes. La inversión en imagen es cara y por ella es legítimo hasta falsificar estudios y encuestas nacionales de temas álgidos para la sociedad. El pretexto es que los otros también lo hacen y que no se puede entregar el poder por el alto costo que ha tenido lograr esta democracia. Democracia nueva y muy ajena al gobierno de las mayorías. Fenómeno que Eduardo Galeano define en una frase: en la época de las dictaduras militares se quemaban los libros subversivos, en la era de la democracia se queman los libros de contabilidad.
Las comunicaciones ocupan por tanto, el lugar de honor en la farándula política. Las más altas autoridades se juegan por la aparición en los primeros diez minutos de los noticieros y los equipos de relaciones públicas constituyen sus asesores principales. Todos hacen "gestos" y se envían "señales" y una frase saca a la otra como entre personajes tales como Argandoña, Yerkopuchento o Italo Passalacqua. No importa lo que se diga, la cuestión es aparecer.
La cultura y el conocimiento no son patrimonio de gran parte de los nuevos líderes. Algunos jamás han leído un libro, salvo un bestseller en vacaciones, pero pese a ello se les ubica en cargos vitales para el manejo del país. Pueden ocupar cualquier cargo, independientemente del título, muchas veces comprado, y del área de especialidad. Los nombres se repiten hasta la saciedad. Se supone que en cualquier lugar pueden hacerlo bien, ya que el contenido básico que se les exige es su lealtad al régimen, su habilidad para la recolección y su capacidad "política", que es como la fuerza madre de todo conocimiento.
"Política" para ellos significa asegurar el triunfo en las elecciones siguientes y terminan una para comenzar la otra sin dejar un minuto el celular que mantienen colgado, usando tiempo, energía y recursos públicos en pagar favores, tapar errores y negociar.
En un país guiado por el libre mercado, los nuevos líderes están en el derecho de montar el negocio que se les ocurra, pero es agotador que crean que las grandes mayorías aún debamos tragarnos la letanía del servicio público y que, guiados por el microclima autocomplaciente que los rodea, crean que les rendimos pleitesía.
Los ciudadanos no somos escuchados, no tenemos canales de expresión, carecemos de redes sociales y sindicatos, pero nuestro silencio es temporal y el conocimiento se acumula, ya que por más que defiendan la imagen pública, los humildes que los rodean son testigos de todas sus acciones. Carecemos de la fuerza para hacer una defensa activa de nuestros derechos y nuestros recursos, pero se protesta pasivamente a través del alejamiento de lo que actualmente se ha dado en llamar política.
Según un estudio de FLACSO, el 31% de los chilenos de más de 18 años no está participando en los comicios electorales. Hay 2,1 millones de personas que no están inscritas y un millón que está optando por la abstención o los votos nulo y blanco. Cerca de un 70% de los jóvenes no está inscrito y la tendencia es que cada vez se inscriban menos.
Muchos de los que votan lo hacen por disciplina o costumbre y, la gran mayoría, por miedo a las multas. No por otra cosa el Congreso ha rechazado la propuesta de eliminar el voto obligatorio, situación en que muy pocos votarían.
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