Pablo Pérez es uno de los usuarios más veteranos de La Coctelera con su blog Adastra.
1. ¿Conoces de cerca las propuestas del partido al que has votado?
No, lo cierto es que no, y por dos motivos. Uno: a pesar de que tengo una tendencia política marcada, no considero que, a día de hoy, haya ningún partido que se acerque ni por lo más remoto a mis propias ideas, por lo que no me molesto en conocer sus programas. Dos: en realidad me da la impresión de que la política se ha convertido en un circo a dos pistas tan esperpéntico, que considero mentira de forma automática cualquier cosa que salga de la boca de un político.
2. ¿Confías en que se vayan a cumplir?
Absolutamente no. Es posible que cumplan con las medidas más populistas, pero esas son las de menor valor. En esta campaña (y en las anteriores) parece haberse instaurado la política (nunca mejor dicho) del «todo vale».
3. ¿Crees que debería existir información actualizada sobre el cumplimiento del programa a lo largo de la legislatura?
Sería ideal, pero, ¿quién se va a encargar de hacer dicho seguimiento? Para poder hacer eso habría que instaurar una plataforma sin filiación política y gestionada por la ciudadanía que se encargara primero de registrar, y después de controlar, las propuestas electorales de cada partido. Muy bonito, pero me da la impresión de dicho organismo se politizaría en menos que canta un gallo, con lo que al final tendríamos otro bonito organismo a las órdenes de un partido (o roto por las tendencias contrapuestas de sus integrantes).
4. ¿Cómo piensas qué se podría hacer este seguimiento?
Me adelanté a la pregunta en el párrafo anterior, pero reitero: creando una plataforma neutral, sin filiación política, que recogiera y documentara las promesas de los políticos en campaña, para efectuar posteriormente el seguimiento de las mismas a lo largo de la legislatura.
5. ¿Deberían las instituciones dar a conocer con mayor ahínco los instrumentos con los que contamos para hacernos oir?
Sí, pero siempre me ha dado la impresión de que los partidos políticos no quieren eso precisamente. A veces parece que lo que interesan son masas aborregadas que les otorguen patente de corso para hacer lo que les dé la gana durante cuatro años. En una ocasión un amigo mío me comentó, a propósito de quejas en el partido en el Gobierno, que dado que ya voté, no tengo derecho a quejarme, puesto que elegí. Eso es una falacia como la copa de un pino. Votar a un partido no significa otorgarle un cheque en blanco para que haga y deshaga en nombre de los ciudadanos.
6. ¿Piensas que son suficientes y efectivos?
No, no son suficientes, y mucho menos efectivos. Dejar comentarios en páginas web o en correos electrónicos institucionales no es una manera efectiva de hacerse oír. Sin embargo, pienso que las cosas están cambiando poco a poco. Cada vez hay más gente comprometida que no se calla y habla bien alto y claro en la red, normalmente a través de blogs personales. De momento es un fenómeno minoritario (a pesar de que a los techies nos guste pensar lo contrario), pero es un comienzo.
7. ¿Cómo podría incentivarse la participación ciudadana?
No estoy seguro, francamente. Quizás a través de campañas institucionales para mostrar que «el sistema funciona». Sin embargo, esas campañas tendrían que superar una inercia ciudadana enorme (en el sentido del inmovilismo). Tengo la impresión de que las instituciones democráticas están sumamente mal valoradas, por lo que no creo que la gente atienda a sus cantos de sirena :)
8. ¿Qué otros mecanismos piensas que podrían aumentar el interés de los ciudadanos en la participación?
Creo que para que la participación fuera algo más que meramente anecdótica, tendríamos que vivir un clima político muy diferente, y, sobre todo, los políticos de turno tendrían que ganarse la confianza del electorado de forma honrada. Lo malo es que la mayor parte de la gente percibe que las palabras «político» y «honrado» son parte de la cabecera de la definición de la palabra oxímoron.
Normalmente la participación ciudadana se solicita a través de referéndum, pero solo en aquellos casos en los que se trate de una decisión crítica, como fue nuestro ingreso en la OTAN. Si eso se hubiera hecho en el aciago momento en que a alguien se le ocurrió meter a España en el fregado de Iraq, quizás otro gallo hubiera cantado (o quizás no, pero lo sabríamos de seguro). El referéndum es un mecanismo poderoso para oír la voz de los ciudadanos, pero el ciudadano tiene que percibir de verdad que su voto sirve para algo para que sienta el impulso de salir de su casa para ir a votar.
9. ¿Tienes una idea de cómo es el día a día de un diputado?
No, aunque eso puede ser culpa mía. El Congreso y el Senado hacen una vez al año sesiones de puertas abiertas, si no me equivoco. Además, normalmente se filtran solo los malos comportamientos de los diputados a través del periódico de turno.
10. ¿Crees que sería positivo conocer las agendas de los políticos?
No solo positivo, sino necesario. Coño, son asalariados míos, y de todo el pueblo Español. Los votantes los han puesto ahí para que hagan su trabajo. Exijo saber cuál es su agenda, ya que son mis impuestos los que pagan su salario.
11. ¿Podrían ser los blogs u otras herramientas de publicación personal un buen instrumento de comunicación entre los políticos y los ciudadanos?
Podrían, si los políticos se tomaran a los blogs como algo más que como un mero instrumento de propaganda cuya vida se limita al periodo preelectoral. Si hay algún político que tenga un blog activo en el cual escuche las peticiones de los ciudadanos, yo no lo conozco (lo cual no quiere decir que no haya, por supuesto). De todas formas, un blog es una conversación, y eso es justamente lo que no existe entre los políticos en sus torres de marfil y los ciudadanos. Y la ausencia de diálogo conduce al autismo político :)
Pablo Pérez mantiene un blog en La Coctelera, Adastra.
Os dejo aquí para quien pueda interesar una entrevista que le ha hecho la periodista Mara Torres (La 2 Noticias) a Alfonso Guerra y en la que entre otras cosas de habla de estos 30 años de democracia. El vídeo lo tienes aquí:
http://www.espacioblog.com/labana/post/2008/04/08/mara-torres-ent...
Saludos
Me parece interesante lo que escribes, pero no estoy de acuerdo contigo. Decir que la participación en las elecciónes no pasa de anecdotica o que la politica no interesa a nadie me parece simplemente falso: Ahi están los datos de participación de las elecciones (de los más altos en Europa) y los datos de audiencia de los debates (con picos de más de 10 millones de personas.) Si eso es que no interesa es que yo vivo en un mundo paralelo al tuyo definitivamente.
Saludos.
REQUISITOS PARA SER POLÍTICO EN CHILE...Y EN EL MUNDO TAMBIEN!
LA PRIMERA CARACTERÍSTICA que debe tener un chileno para ingresar en política, es decir para convertirse en un nuevo líder, es tener plata. Con ello debe pagar mucho, pero antes que nada debe ser bello. Debe vestirse con un diseñador personal y si es flaco debe criar músculos. Por ningún motivo, puede ser gordo: en los años 2000 es preferible que se piense que el político tiene SIDA a que sea gordo. La gordura es la peor lacra para nuestra clase política, por lo que gimnasios, endocrinólogos y cirujanos plásticos cuentan cada vez con más pacientes "con vocación de servicio público".
En esta ardua tarea han entrado a la fama los cirujanos especialistas en byepasses gástricos y otras técnicas para disminuir el tamaño del estómago. Ya con cuerpos estilizados decorados a la moda, se arreglan las caras y el peinado ocupando los labios un rol muy importante. Los labios carnosos y rojos harán más famosas a las damas en sus cargos de representación popular. Los peluqueros destacados, que reciben tributos de la prensa, los hacen aparecer más jóvenes, "casual", flexibles o, incluso inteligentes. Esto último rara vez lo logran. En materia de neuronas: Lo que natura non dat, salamanca non prestat (lo que la naturaleza no da, la academia no presta).
Como algunos no logran ser bellos ni flacos, aparentan que son diferentes y que no les interesa la forma. En ese papel profundizan sus rostros hoscos, sus ceños fruncidos y sus miradas amargas, y sólo se basan en la fuerza y prepotencia que les da el dinero, poniéndolo sin pudor encima de la mesa, golpeándola y trasmitiendo con desprecio que lo lograron a base de su inteligencia superior. Ninguno recuerda el capital social que los ayudó en sus logros, ni el origen de éste, que generalmente se debe a sus padres o al uso que han hecho de la política en sus negocios.
Con estos elementos, los nuevos líderes van a las elecciones, porque son fácilmente digitados por los dueños de los partidos políticos y se basan en las redes que arman sus operadores, quienes, desde cargos públicos, invierten los recursos fiscales en una estrategia comunicacional permanente, tanto para los líderes como para sí mismos con el fin de lograr la perpetuidad.
La externalización de estudios a consultoras fantasmas es la gran herramienta de triangulación, que les permitirá armarse de un capital, pagar favores o dar una buena vida a los adeptos más cercanos y obsecuentes. La inversión en imagen es cara y por ella es legítimo hasta falsificar estudios y encuestas nacionales de temas álgidos para la sociedad. El pretexto es que los otros también lo hacen y que no se puede entregar el poder por el alto costo que ha tenido lograr esta democracia. Democracia nueva y muy ajena al gobierno de las mayorías. Fenómeno que Eduardo Galeano define en una frase: en la época de las dictaduras militares se quemaban los libros subversivos, en la era de la democracia se queman los libros de contabilidad.
Las comunicaciones ocupan por tanto, el lugar de honor en la farándula política. Las más altas autoridades se juegan por la aparición en los primeros diez minutos de los noticieros y los equipos de relaciones públicas constituyen sus asesores principales. Todos hacen "gestos" y se envían "señales" y una frase saca a la otra como entre personajes tales como Argandoña, Yerkopuchento o Italo Passalacqua. No importa lo que se diga, la cuestión es aparecer.
La cultura y el conocimiento no son patrimonio de gran parte de los nuevos líderes. Algunos jamás han leído un libro, salvo un bestseller en vacaciones, pero pese a ello se les ubica en cargos vitales para el manejo del país. Pueden ocupar cualquier cargo, independientemente del título, muchas veces comprado, y del área de especialidad. Los nombres se repiten hasta la saciedad. Se supone que en cualquier lugar pueden hacerlo bien, ya que el contenido básico que se les exige es su lealtad al régimen, su habilidad para la recolección y su capacidad "política", que es como la fuerza madre de todo conocimiento.
"Política" para ellos significa asegurar el triunfo en las elecciones siguientes y terminan una para comenzar la otra sin dejar un minuto el celular que mantienen colgado, usando tiempo, energía y recursos públicos en pagar favores, tapar errores y negociar.
En un país guiado por el libre mercado, los nuevos líderes están en el derecho de montar el negocio que se les ocurra, pero es agotador que crean que las grandes mayorías aún debamos tragarnos la letanía del servicio público y que, guiados por el microclima autocomplaciente que los rodea, crean que les rendimos pleitesía.
Los ciudadanos no somos escuchados, no tenemos canales de expresión, carecemos de redes sociales y sindicatos, pero nuestro silencio es temporal y el conocimiento se acumula, ya que por más que defiendan la imagen pública, los humildes que los rodean son testigos de todas sus acciones. Carecemos de la fuerza para hacer una defensa activa de nuestros derechos y nuestros recursos, pero se protesta pasivamente a través del alejamiento de lo que actualmente se ha dado en llamar política.
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